El cultivo de la vid en la zona de Jumilla se remonta a tiempos remotos. Los íberos fueron los primeros que supieron sacar provecho del entorno mediterráneo y su magnífico clima y más tarde los griegos y los romanos introdujeron importantes adelantos en la elaboración y tratamiento del vino.
A finales del pasado siglo y principios del XX, la preservación temporal de nuestra zona frente a la plaga de filoxera que asolaba el continente, favoreciendo que los vinos de Jumilla abastecieran a los mercados europeos mientras sus viñedos se reconstruían.
Los cultivos deben soportar un árido clima continental que está suavizado por la cercana presencia de la costa mediterránea, así como fríos inviernos con frecuentes heladas y veranos secos y cálidos donde las temperaturas pueden llegar a los 40ºC. En este entorno se obtienen bajas producciones en cantidad, pero de alta calidad, que luego se ve reflejada en los vinos, los cuales presentan aromas de frutos rojos maduros confitados, con una gran estructura y cuerpo en boca.
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